—Agente, ¿puedo ver su placa? —Aquí tiene. —¡Usted no es policía! ¡Aquí pone «Sheriff»! —Es que la compré en una tienda de disfraces.
Chistes de policías
Chistes de policías, agentes y guardia. Humor de patrulla, multas absurdas y diálogos imposibles.
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Los chistes de policías son un género clásico del humor en español: el agente serio, el conductor pillado en falta, la multa absurda y el diálogo que termina con un remate inesperado. Aquí reunimos los mejores chistes de policía cortos: chistes de control de alcoholemia, chistes de multas, chistes de patrulla, chistes de ladrones y policías, y los inevitables chistes del policía despistado. Humor universal, sin ofender, apto para reuniones y grupos de WhatsApp. Selección que mezcla los chistes de policía clásicos con variantes modernas y de cualquier país hispanohablante.
—¿Cuál es el santo de los policías? —San Quintín, por las que se arman.
—¡Policía, han entrado a robar en mi tienda! —¿Se llevaron algo? —Sí, el libro de reclamaciones. —¡Eso es un robo con estilo!
—Agente, ¿por qué me mira tanto? —Estoy buscando antecedentes penales en su cara.
Le pregunta una madre a su hijo: —¿Y tú qué quieres ser de mayor, hijo? —Policía. —¿Y para qué? —Para decirte cuando me mandes a dormir: «¡Circulen!».
—Policía, ¡mi perro ha mordido a un vecino! —¿Y es grave? —Para el perro sí: el vecino no se baña hace meses.
—Agente, ¿por qué me pide el documento? —Para comprobar si es usted. —¡Pues claro que soy yo! ¿Quién iba a ser?
—Agente, ¿me pone una multa por aparcar en la acera? —Sí. —¿Y si pongo las luces de emergencia? —Entonces le pongo doble: una por aparcar y otra por avisarme.
—¡Policía, ayuda! ¡Un hombre me ha robado el bolso! —¿Era alto o bajo? —No lo sé, yo solo le vi las intenciones.
—Agente, ¿puedo pasar? —No, está cortada la calle. —¿Y si voy despacito?
—¿Por qué los policías no usan paraguas? —Porque el reglamento dice que hay que aguantar el chaparrón.
—Agente, ¿por qué el patrullero lleva pintado un 091 en el costado? —Para que no se nos olvide el número cuando llamamos a la oficina.
—Agente, ¿por qué detuvo a ese mimo? —Porque todo lo que decía podía ser usado en su contra. Pero no decía nada.
—Agente, ¿por qué me multa, si no he hecho nada? —Por prevención. Con esa cara, algo estará planeando.
—Señor policía, ¿puedo aparcar aquí? —No. —¿Y todos esos coches? —Ellos no me han preguntado.
—Agente, ¿es verdad que los policías son tontos? —Multa por desacato. —¿Ve usted? Ya estamos con las palabritas raras.
—¡Policía, hay dos mujeres peleándose por mí! —¿Y qué tiene de malo? —¡Que va ganando la fea!
—¿Qué le dice un policía a su propio ombligo? —Queda usted detenido: está rodeado de pelos.
—¿Por qué los policías no cuentan chistes? —Porque no pueden permitirse perder la autoridad.
—¿Por qué los policías llevan un hacha? —Para romper el hielo con los sospechosos.
—Agente, ¿por qué lleva ese perro tan feo? —Es un perro policía. —¿Y por qué no lo parece? —Porque va de paisano.
—¿Por qué los policías van siempre de tres en tres? —Uno lee, otro escribe y el tercero vigila a los dos intelectuales.
—¿Por qué los policías llevan una paloma en el hombro? —Para tener un móvil con cámara.
En el examen para entrar a la academia, el tribunal le pregunta a un aspirante: —¿Cómo dispersaría usted a una multitud? —Pasando el sombrero para una colecta.
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